14 noviembre 2011

POSICIÓN X: INDEPENDENCIA AMBIVALENTE ENTRE ALIANZAS Y ASOCIOS


Cocaína, alguien decide por el país. No me culpen,
no estoy dispuesto para morir sobre un crucifijo.
(Decisiones apresuradas, Fito Paez. 1985)

El pasado marzo cumplió 50 años la “Alianza para el Progreso”, programa central hacia América Latina de la administración del presidente norteamericano John F. Kennedy. Para aquella época El Salvador tuvo que crear instituciones autónomas para administrar los servicios básicos como requisito para acceder a los fondos canalizados a través de la Fundación Panamericana de Desarrollo.

La finalidad de este programa era frenar la avanzada del “castrismo” e incidir en la política interna de  los países latinoamericanos.

Medio siglo después, luego de una guerra civil, tras el fin de una dictadura militar y durante el primer gobierno de amplia participación, cuasi-progresista, El Salvador repite el capítulo suscribiendo el “Asocio para el Crecimiento” con Estados Unidos.

El convenio, cuya duración es de 5 años, busca —en teoría— eliminar los obstáculos que impiden el desarrollo de la economía nacional. Para acceder a él no fue necesario crear más autónomas sino botar a un ministro (quizá uno de los más incomodos para los estadunidenses): Manuel Melgar.

No entraremos acá en el análisis de la efectividad de su gestión, no es nuestra empresa en esta ocasión, lo que buscamos es subrayar lo lejos que estamos de una verdadera independencia y que el servilismo, otrora descarada sumisión, sigue presente.
Según la realpolitik el cambio está más que justificado, somos un país tercermundista y necesitamos ayuda, sin embargo esa excusa nos ha valido mil veces para justificar nuestra mediocridad al momento de defender nuestra soberanía.

Nuestro Estado de Derecho es un Estado de excepción permanente. No se trata de que algunos cambios no se realicen sino que sean tomados por nosotros mismos, que no sea la nación del norte la que nos dicte cuándo y cómo hacer las cosas.

De nada sirve festejar el mitológico primer grito de independencia cuando nuestra moneda solo es útil para coleccionistas, de nada sirve tomar como enemigo nacional a un comentarista mexicano por insultar a nuestra selección de fútbol cuando callamos ante las atrocidades que realizan a nuestros compatriotas que migraron por falta de oportunidades a Estados Unidos.

El derecho a la autodeterminación es una tarea que nuestro país no puede seguir postergando, mientras sigamos agachando la cabeza el subdesarrollo no será solo económico sino cultural y hasta espiritual. Es momento de ser invadidos por la profunda gana de ser pueblo.

Equipo Mapache
12 de noviembre de 2012